
Son datos que pueden llamar nuestra atención, sobre todo la distancia y la velocidad, y sin embargo no dejan de ser datos "locales" que aún podemos imaginar. Nada que ver con las medidas astronómicas del Sistema Solar, que se vuelven ingentes frente a las de la Luna, o con las de la Vía Láctea, nuestra galaxia, que dejan ridículas las del Sistema Solar. Comenzamos a perder la intuición de la medida cuando ya hablamos de millones de kilómetros o de miles de millones de kilómetros. ¿Cómo imaginarse eso?
Sin embargo esas medidas resultan ínfimas comparadas con las del Universo en su conjunto, con las del llamado cielo profundo. De hecho hay que adoptar otra medida para las distancias, pues el kilómetro es insuficiente. Se usa en su lugar el año luz, es decir el espacio que recorre la luz en un año. Si la velocidad de la luz es aproximadamente 300.000 kilómetros por segundo, una simple operación aritmética nos dice que un año luz equivale aproximadamente a 9.460.800.000.000 kilómetros, es decir, casi nueve billones y medio de kilómetros. Inconcebible.
Pues intentemos ahora imaginar distancias de millones y miles de millones de años luz. Y estas distancias son "normales" en el espacio profundo, cuando se intentan medir distancias entre galaxias o cúmulos de ellas.
Como aproximación podría valer decir, en cuanto a las distancias, que nosotros somos al universo lo que las distancias atómicas son a nosotros.
Un mundo extraño, difícil de concebir y comprender, el que nos da cobijo. Quisiéramos entender pero no podemos.
Por Cástor y Pólux.
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