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sábado, 26 de mayo de 2012

INTRODUCCIÓN. PERSPECTIVAS, PERIQUITO ATACA DE NUEVO Y DÍAS MÁS LARGOS.


Dos gaviotas bajo un cielo celeste. ¿Qué perspectiva tendrían las gaviotas de la foto de nosotros si nos vieran? ¿Es esa diferencia de perspectiva un indicativo más de nuestra diferenciación como animales racionales, capaces de imaginar y llenar de contenido simbólico lo imaginado? Todo en nosotros rezuma percepción y consciencia, pero sometido al instinto. Y es esa mezcla la que tal vez mejor nos defina, la tensión irresoluble entre la idea (el ideal, el deseo) y la necesidad (el instinto y las limitaciones físicas que nos impone la materia de nuestro cuerpo).


Publicamos hoy una nueva entrega de ese "personaje" al que, a pesar de su carácter, acabaremos teniendo cierto cariño, al menos por las sonrisas que nos provoca con su relato ameno y ocurrente PERSEO. Se trata de PERIQUITO y sus nuevas andanzas. En esta nueva historia aparecen personajes que ya vamos conociendo, como Amada, Clemencia (abuela del niño de quien Perseo habla en primera persona), y otros nuevos, como un chófer muy particular. Seguro que os gustará y os hará recordar alguna que otra anécdota de vuestra infancia. Tras esta introducción tenéis esta nueva entrega de Periquito titulada "Un viaje accidentado", que también podréis leer en el enlace lateral a la página "El Laberinto de Perseo".


Los días son cada vez más largos, y es que nos vamos acercando al solsticio de verano, en el que, en el hemisferio norte, los días son más largos y las noches más cortas, lo que sucede alrededor del día veintidós de junio. Si los días pasan... llegará.


Buen fin de semana. Y si os queréis entretener un poco podéis hacerlo leyendo las entradas más antiguas de Obtentalia que tal vez no visteis en su día.


Por Cástor y Pólux.

PERIQUITO. UN VIAJE ACCIDENTADO. Por Perseo.




Esa semana mi padre decidió mandarme a pasar unos días a la playa (si hubieran sido años mejor que mejor) pues el calor y mis ocurrencias se hacían insoportables. Como él decía, tenía todos los vehículos del mundo a su disposición, pero para mi desgracia avisó al chofer que olía a gasolina y que no hacia ni una parada hasta la llegada a su destino. Las náuseas estaban garantizadas.

Preparé mis cosas, entre las que se encontraban distintas cajas de libros y juegos y subí al vehículo, pero para mi sorpresa  decidió “escoltarme“ y comprobar así que llegaba a buen puerto. La alta temperatura que había en el interior, (pues aunque fuera verano no bajaba las ventanillas), unido a los vapores que desprendía la ropa de aquel individuo, empezaba a hacer mella en mi estómago. Aguanté como pude hasta el final del viaje, pero cuando paramos salí a toda pastilla de ese horrible coche empujando algunas de las cajas que llevaba. Nada más saltar fuera escuché unos gritos tremendos, y vi horrorizado un espectáculo sangriento. De una de las cajas se había salido un gato, que desesperado y asustado había saltado sobre la  cabeza de aquel pobre hombre, clavando sus garras sobre su calva dando la sensación que había “anidado” allí mismo, pues mi padre no conseguía arrancárselo.

A Periquito lo habían empaquetado especialmente para mí ese día. Amada le dijo a mi abuela que de esa manera pretendía quitarme de golpe mis miedos hacia aquel felino. “Por el bien de su nieto doña Clemencia…”. 

La verdad es que se estaba vengando de mí,  cuando le puse una pastilla de añil en la alcachofa de la ducha y la teñí de azul durante una temporada. Según dijeron los médicos esa “ansiedad” que le produjo explotaría tarde o temprano por algún lado.

Subí las preciosas escaleras de azulejos con motivos de caza de la casa de mi pueblo, notando esa agradable sensación de frescor que transmitían lo anchos muros encalados, blancos, rugosos, limpios, que parecían que te abrazaban cuando los tocabas. La puerta estaba abierta, para que entrara quien quisiera sin preguntar, incluso las moscas no pedían permiso…
Por Perseo.

viernes, 25 de mayo de 2012

INTRODUCCIÓN. PINOS, IDEAS Y POESÍA.

     ¿Qué le inspira a cada uno el manto verde de nuestra foto de hoy? Parece una alfombra verde bajo el cielo azul. Verde de esperanza, la esperanza de que esta vida nos sirva para algo, y azul de tristeza, la tristeza de sospechar que no nos sirve para nada. ¿Con qué color te quedas tú? Nosotros nos quedaremos con los dos, pues vemos que en la realidad existen los dos.


     Las ideas acaban teniendo vida propia. Se gestan en la intimidad de una mente, pero una vez dichas o explicadas adquieren dimensión pública y se convierten en patrimonio de todos, pudiéndonos enriquecer con el concepto que expresan. Y ese es el origen de Obtentalia, las ideas, las propias y las ajenas.


     Hoy las palabras de nuestro blog no las van a poner ninguno de nuestros colaboradores. Como hemos dicho antes vamos a hacer nuestras las ideas ajenas. ¿Y de quién mejor las ideas que de todo un premio Nobel de aquí, nuestra querida costa onubense? Sí, ya en alguna ocasión insinuamos que traeríamos aquí a Juan Ramón Jiménez. Pues hoy es ese día, y esperamos que no sea el último.Tras esta introducción os dejamos un par de poesías que esperamos os gusten y os hagan pensar. Nos complace pensar que el poeta pudo recorrer los mismos caminos que ahora recorremos nosotros, que pudo contemplar los mismos paisajes que ahora adornan nuestra atalaya, que se inspiró en el mismo aire que aún surca los médanos que nombra en sus poesías y sobre los que aún podemos caminar.

     Mañana será otro día y lo esperaremos. Si llega, estaremos aquí. Si no ...



Por Cástor y Pólux.

POESÍAS DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ.

Me andas por dentro,
mujer desnuda,
como mi alma.

Y es mi cuerpo, contigo,
como una larga galería májica,
que sale a un soleado mar sin nadie.

(Piedra y Cielo, 1917-1918).




No os quitéis la pasión
del momento. Que el grito
de la sangre en los ojos
os rehaga el sentido
tierra, un punto, de fuego
solo, sobre el sol ígneo.

¡No! Ciegos, como el mundo
en que miráis ... lo visto,
cuando veis lo que veis.
Tal vez con el instinto
uno y fuerte, un momento
vayáis hasta el destino.

Tiempo tendréis después
de alargar los caminos
vistiendo, hora tras hora,
el desnudo bien visto.

¡Con qué segura frente
se piensa lo sentido!


(Estío, 1915).

jueves, 24 de mayo de 2012

INTRODUCCIÓN. SINRAZÓN, LOS PLÁSTICOS DE HERMES, Y CÓMO COMER LANGOSTINOS CRUDOS.

        El mar sigue tan bello. Hoy se ha despertado de un azul intenso, profundo... evocador. Sí, nos atrapa con el misterio de su origen último, de la sinrazón de su existencia, de la belleza que nos inspira emociones inefables. ¿Por qué hemos de vivir con la desazón de lo incomprensible? Somos un soplo perdido en un huracán. 

     Hoy os presentamos una nueva crónica de Hermes. Esta vez versa sobre la decisión de retirar las bolsas de plástico del mercado bajo razones ecológicas. Una estrategia que tacha de demagógica. Una vez más Hermes desgrana con su estilo directo, pero no por ello menos elaborado y cuidado, las razones que subyacen, en esta ocasión, en una estrategia aparentemente altruista que parece beneficiar a todos pero que lo hace a unos más que a otros. Ya sabéis que siempre recomendamos las crónicas de Hermes, y en esta ocasión no iba a ser menos. Os animamos a que comentéis su crónica en el espacio habilitado para ello tras la misma.

     Ayer uno de los que les escribe asistió, junto con otros colaboradores de Obtentalia, a un almuerzo informal que andábamos esperando. Asistieron, por parte de Obtentalia, Hermes, Perseo y Pólux, además de Javier, posible fichaje como colaborador. Por último, y como invitada especial, asistió nuestra querida amiga Beatrix, joven y emprendedora empresaria que dirige el bufete “Conteros Asociados”, proyecto con el que conseguirá, no lo dudamos, hacerse un nombre destacado como abogada. Tiene madera para ello. Como suele ocurrir en esas ocasiones, la comida no estuvo exenta de anécdotas. Y voy a relatar una de ellas, aún a riesgo de que parezca exagerada. El restaurante es uno de esos “japoneses” tan de moda en los que uno mismo se sirve, y donde preparan pescado crudo de diversas maneras. Uno de los asistentes, paseándose entre el pescado crudo se sirvió unos langostinos que le parecieron, en sus propias palabras “poco hechos”, pero como allí el pescado se preparaba crudo pensó que era algo normal. No advirtió, o pensó que sus langostinos no lo necesitaban, que había un señor allí al lado al que se le daba el marisco crudo para que lo pasara por la plancha. Ya en la mesa, y tras acabar todos las respectivas raciones que nos habíamos servido, este amigo manifestó, mirando el plato de otro de los comensales con las sobras de unos langostinos hechos en su punto, que los suyos le habían parecido demasiado poco hechos, hasta que advirtió, o más bien confesó, que se había comido los langostinos crudos, muy a su pesar, porque creía que así se tomaban. Imagínense las sonrisas de los demás, que no daban crédito a lo que acababan de ver. Dice que no le volverá a pasar. Querido amigo, siempre recordaremos el día que te comiste los langostinos crudos y la expresión que tenías cuando advertiste tu error. ¿Cuánto tendrían que pagarle a uno para que se comiera unos langostinos crudos? Él no cobró por hacerlo, encima pagó. Esperamos poder repetir un almuerzo como ése. Un beso para Beatrix, un saludo a los demás asistentes, y una especial mención a nuestro amigo “el que se comió los langostinos crudos”, quien, por cierto, aceptó las risas de los demás con mucha deportividad.
  

Por Cástor y Pólux.

LA CONTAMINACIÓN Y LA CÍNICA PREOCUPACIÓN COMERCIAL POR EL USO DE LAS BOLSAS PLÁSTICAS


Mucho se ha hablado en los últimos tiempos acerca de la contaminación de las bolsas de plástico y de la eliminación o supresión de las mismas en los grandes almacenes y superficies por esas supuestas razones medioambientales. Pero no sólo las bolsas, que hasta ahora suministra el comercio, se componen de este material perjudicial para el planeta desde el punto de vista ecológico y que ahora, a toda costa, se quiere restringir. El plástico también se encuentra en infinidad de objetos y artículos de nuestra vida cotidiana y, sin embargo, los férreos defensores del ecosistema que tanto denuncian su peligrosidad de ellos no dicen nada. Ejemplos de esta aseveración hay muchos y variados, los cuales pueden venir rápidamente a la mente de cualquiera: las sillas de muchos bares o establecimientos públicos, si bien pudieran ser de madera o metálicas, (elementos menos contaminantes aunque indudablemente más caros), en muchos casos, suelen ser plásticas; los asientos de los estadios de fútbol están, igualmente, realizados en este componente ahora "tan peligroso"; las carcasas de los equipos informáticos y determinados electrodomésticos, realizadas en pasta plástica; asimismo, infinidad de envases, botellas y recipientes que proceden, precisamente, de los grandes establecimientos que ahora se erigen en defensores de un mercado ecológico libre de este material; los juguetes, fabricados directamente en plástico o bien en goma plástica; algunas pinturas de uso doméstico o industrial; y así, podríamos seguir enumerando muchísimos casos más. 

Hasta las propias Administraciones Públicas, que verían con buenos ojos la eliminación o reducción de este componente, hacen justamente lo contrario de lo que predican de forma que podemos encontrarnos con Ayuntamientos, como por ejemplo el hispalense, que coloca papeleras fabricadas en material plástico por toda la ciudad cuando bien pudieran ser metálicas, e igualmente ocurre con los contenedores de basura. En definitiva, queramos o no, este elemento, por contaminante que sea, es difícil de sustituir en las sociedades modernas; por tanto, considero muy demagógicos los argumentos que tienden a la ya referida eliminación, limitación o supresión de las bolsas plásticas, pensando que detrás de estas teorías no hay más que una cuestión o estrategia meramente mercantil. Puntualmente, unos céntimos en su adquisición cuando no vienes con ella de casa no quiebra ninguna economía doméstica pero su continuo goteo si produce al cabo de un no excesivo período de tiempo pingües ingresos a grandes, pequeños y medianos comerciantes. 
Ahí está precisamente el "quid" de la cuestión: la estrictamente recaudatoria; la ecológica, sólo es un mal y cínico argumento para justificar su cobro cuando, además, a través de la correspondiente bolsa, vamos haciendo publicidad gratuita al establecimiento que previamente nos la ha cobrado pues su logo o anagrama comercial suele figurar impreso en la misma. Ciertamente, si se quisiese eliminar o reducir este material por los pseudoecologistas empresariales, habría que hacerlo en su totalidad y no sólo de las bolsas lo cual, hoy por hoy, es una utopía para cualquier sociedad desarrollada.

Por Hermes.

miércoles, 23 de mayo de 2012

INTRODUCCIÓN. MIÉRCOLES, PERROS Y LA PERCEPCIÓN

Y llegó el miércoles. Estamos a mitad de semana.

Hoy Perseo nos habla de perros y sus juegos. Su frase "Hay momentos que me gusta vivir como viven mis perros" nos hace pensar que lleva una doble vida, una humana y otra... Pero la verdad es que después de ver las fotos de los canes también a nosotros nos gustaría tener una doble vida. Por cierto tenemos por ahí un vídeo de perros que seguro que os encantaría a todos. Vamos a intentar prepararlo para más adelante, pero mientras tanto, nos quedamos con Perseo y sus perros "juguetones".

Como se ven pasar los objetos desde un tren. Parece que están dotados de movimiento. Es la forma en que nuestra mente percibe la realidad. En cuanto no pudiera ser percibida, para nuestra conciencia no existiría. Para el pensamiento la existencia fuera de él es irrelevante. Da igual que algo exista si no puede ser pensado. Es como estar dormido sin soñar. Si no somos conscientes del mundo, es como si éste no existiera.

Por Cástor y Pólux.

¡QUÉ VIDA DE PERROS!, por Perseo

UNA DE PERROS.

El rey de la casa

Siempre se dice que el perro es el mejor amigo del hombre y yo lo confirmo, es más, creo que es el mejor amigo del niño. Aquí una muestra de lo bien que se lo pasa la pequeña con los suyos y aunque parezca lo contrario los perros disfrutan enormemente con ella y de sus juegos y de sus abrazos y de sus mimos y de sus paseos. Hay momentos que me gusta vivir como viven mis perros.

¿Quién se lo pasa mejor, la niña o el perro?

¿Quién abraza a quién?

Preparado para atracar un banco sin ser reconocido

Una ramificación de la mafia siciliana

Y mientras juegan aprenden.


Por Perseo.

martes, 22 de mayo de 2012

INTRODUCCIÓN. VAMPIROS, CUENTO Y SALUDOS A DOS NUEVAS AMIGAS.

¿Os gusta nuestra foto de hoy? Con sus bichitos y todo...


Tenemos que reconocerlo, somos vampiros de ideas, vivimos de nuestras ideas y de las de los demás, pero no por usurpación, sino por asimilación, porque las hacemos nuestras y pasan a formar parte de nosotros. Hay tantas buenas ideas por ahí que aún no conocemos… Las queremos todas, necesitamos alimentarnos.

Hoy tenemos la quinta y última entrega del cuento “Las olas del mar”. Esperamos que haya sido de vuestro agrado, y en especial del tuyo, Lucía. Es posible que más adelante os podamos presentar algún cuento más, de Pólux o de algún otro colaborador. Estamos en ello.

Mañana miércoles os traeremos alguna novedad de la mano de Perseo. Sólo adelantaros que va de perros.

Por último queremos mandar un saludo a dos nuevas seguidoras y amigas de Obtentalia. Son Rocío y Nuria. Desde aquí les mandamos un saludo y nos solidarizamos con ellas por un doble motivo. Primero porque nos han contado que trabajan en una oficina, siempre con el mismo horario y entre las mismas cuatro paredes, y nosotros sabemos lo que es y supone eso, pues hace ya tiempo estuvimos es su misma situación. Algún día tendríamos que invitarlas a nuestra atalaya con vistas al mar (desde donde escribimos Obtentalia), pero entonces, como nosotros, no querrían volver. Nosotros podemos hacerlo, porque ya hemos renunciado a casi todo, pero ellas... Y segundo porque, no lo sabíamos, estamos hermanados con ellas. ¡Son grandes amantes del pollo con patatas! No, no es una frivolidad. Tras muchas experiencias en la vida Cástor y Pólux hemos llegado a la conclusión de que el jamón de pata negra y el pollo con patatas son la máxima expresión del placer culinario y una de las pocas cosas a las que aún no hemos renunciado. Y nos encanta encontrar gente con nuestros mismos gustos. En fin, esperamos poder conocer pronto a Nuria y a Rocío.

Por Cástor y Pólux.

LAS OLAS DEL MAR (PARTE 5), por Pólux


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Código de registro de la obra. 








DEDICATORIA: esta historia se la dedico a Lucía, a quien envío un beso desde aquí, y también a los tres niños para quienes hace ya bastantes años fue escrita, Rai, Guillermo y María, a quienes tengo siempre presente.


"LAS OLAS DEL MAR". Parte 5.

                 Eladio salió corriendo hacia las sombras que llevaban a Alberto y comenzó a gritarle "Alberto, Alberto, cierra los ojos, cierra los ojos", pero Alberto no podía escucharle, las sombras zumbaban a su alrededor como un enjambre de abejas. Eladio seguía corriendo hacia Alberto para acercarse más y que le escuchara. En ese momento Eladio vio todo negro. Era como si todo hubiese desaparecido, "¿qué pasa?" pensó. Vio dos puntos de luz, y de pronto dos rayos de luz atravesaron sus ojos por sorpresa causándole una dolorosa ceguera, dejándole sin fuerza. Quería cerrar los ojos y no podía. Y escuchó "ya eres mío". Se dio cuenta de que el hombre que le había llevado hasta allí, ahora una sombra sin disfraces, le había atrapado. Se llevó las manos a los ojos y se los tapó, pero los rayos de luz seguían penetrando en sus ojos a través de sus manos. Bajó un poco las manos y con la punta de los dedos se cerró los párpados. Ahora la luz dejó de cegarle y volvió a sentir fuerza en sus músculos. Sin abrir los ojos salió corriendo todo lo rápido que pudo. De pronto se acordó de Alberto y se paró en seco. No sabía hacia donde había corrido, si se había acercado o alejado de Alberto. Tenía que avisarle para que cerrara los ojos, pero entonces Eladio tendría que abrir los suyos para saber donde estaba Alberto, y corría el riesgo de que la sombra le atrapara otra vez. Pensó que si había escapado una vez de la sombra podría hacerlo otra vez. Así que abrió los ojos. El grupo de sombras que llevaba a Alberto estaba ahora más lejos de él, pero más cerca de la orilla. Sin saberlo había corrido en la dirección equivocada. Empezó a correr hacia Alberto, que estaba ya cerca del agua rodeado de sombras. Si se apresuraba le daría tiempo casi de alcanzarlo antes de que estuviera sobre el agua. Corría con todas sus fuerzas, como nunca antes lo había hecho. Y de repente, como antes, todo se oscureció. Pero al instante, y antes de ver los puntos de luz, Eladio cerró los ojos mientras seguía corriendo. Esta vez no sucedió nada. Cuando calculó que estaría cerca de Alberto aminoró la marcha y abrió los ojos. Alberto estaba delante suya, sostenido por las sombras. Empezó a gritarle otra vez "Alberto, Alberto, cierra los ojos, cierra los ojos, es la única manera de librarse". Entonces escuchó "socorro Eladio" pronunciado por Alberto. Eladio entonces gritó todo lo fuerte que pudo "Alberto, cierra los ojos", y de repente otra vez todo quedó oscuro. "Sin duda la sombra quiere atraparme otra vez", pensó. Pero Eladio cerró de nuevo los ojos y siguió gritando "Alberto cierra los ojos o te atraparán para siembre. Si no puedes cerrarlos ayúdate con los dedos, pero cierra los ojos, cierra los ojos". Repitió esto lo más fuerte que pudo hasta que escuchó que algo cayó en el agua. "Sería Alberto", pensó, le han debido de echar al agua para que le atrapen, pero no se atrevió a abrir los ojos, sabía que las sombras estaban muy cerca suya, así que siguió gritando "Alberto cierra los ojos, no los abras por nada, estoy aquí, ¿me oyes?".

Sombras en la noche.
                   Alberto se sentía perdido, no sabía donde estaba ni qué estaba pasando, le dolían lo ojos, sólo veía una luz cegadora y sus músculos estaban flojos. Le parecía que flotaba en el aire pero no acababa de creérselo. De pronto le pareció escuchar la voz de Eladio. No la distinguía bien. Siguió escuchado hasta que pudo distinguir su nombre. Sí, sí, Eladio decía su nombre y algo más. Por fin pudo escuchar "cierra los ojos". Pero no podía cerrarlos. Quería gritar y tampoco podía. ¿Qué estaba pasando?, ¿por qué Eladio le pedía que cerrara los ojos?. Seguía escuchando la voz de Eladio, y esta vez oyó: "Alberto cierra los ojos o te atraparán para siembre. Si no puedes cerrarlos ayúdate con los dedos, pero cierra los ojos, cierra los ojos". La voz de Eladio sonaba desesperada y ello le infundió a Alberto más temor todavía. Pensó que tenía que cerrar los ojos como fuera, así que haciendo un doloroso esfuerzo movió sus manos y consiguió cerrar sus párpados con los dedos. Al instante sintió que le volvían las fuerzas, pero a la vez se sintió caer. Y cayó en el agua. Sintió el frescor del agua en su cuerpo, y eso le ayudó a recobrar las fuerzas. No se atrevió a abrir los ojos. Se puso de pié, el agua le llegaba por el pecho. Escuchó la voz de Eladio otra vez. Esta vez era más clara y le decía : "Alberto cierra los ojos, no los abras por nada, estoy aquí, ¿me oyes?". Le sirvió para orientarse. Se dirigió hacia donde escuchó la voz de Eladio. Se paró para reunir algo de fuerza y gritó : "Eladio estoy aquí en el agua, voy hacia ti, tengo los ojos cerrados". Al escuchar Eladio la voz de Alberto y saber que había cerrado los ojos le inundó una gran alegría, y se dirigió hacia donde le había escuchado mientras le decía "Alberto voy hacia ti, no abras los ojos". Eladio sintió el frescor del agua y se detuvo temeroso. Sabía lo que había en el agua. Las sombras ya le habían engañado una vez, ¿por qué no podría ser la voz de Alberto un engaño para que él entrara en el agua y tal vez así atraparle más fácilmente?. Dio algunos pasos atrás y salió del agua. Alberto le dijo "¿dónde estás?, háblame para que pueda encontrarte". Eladio dudó, pero al final le habló. Al poco notó como alguien tropezaba con su cuerpo. "¿Alberto eres tú?", preguntó. Alberto se le abrazó casi llorando y le dijo "Vámonos de aquí, no sé que está pasando, pero vámonos de aquí". Se agarraron de la mano y salieron corriendo hacia donde Eladio calculaba que estaban los pinos. Mientras, Eladio le decía a Alberto: "no abras los ojos o te atraparán otra vez, aunque tropieces y te caigas no me sueltes ni abras los ojos". Al oír crujir las pinochas secas bajo sus pies supieron que ya estaban en el pinar. Al poco de entrar Eladio dio de frente contra un pino y cayó al suelo. Alberto tiró de él para levantarlo. Eladio se sintió mareado pero siguió corriendo. Chocaban, tropezaban, caían, se arañaban con las púas de los matorrales, pero seguían corriendo. Alberto dio de cabeza contra un pino y cayó al suelo, pero esta vez no se levantó, Eladio tiraba de él, pero comprendió que estaría inconsciente. Se dejó caer a su lado, agotado, desfallecido, mareado por el porrazo de antes, y perdió el conocimiento.


                   Ese es el último recuerdo que tenemos los dos de todo lo que pasó. Nos encontró la guardia civil a la mañana, antes de amanecer, inconscientes, llenos de moretones y porrazos. Nuestros padres habían denunciado nuestra desaparición cuando ya de madrugada, preocupados, hablaron con nuestros amigos y les dijeron la intención que tenía Alberto de ir al pinar aquella noche. Nosotros contamos lo que nos había pasado, pero claro, no hubo quien nos creyera. Ante la mofa de nuestros amigos decidimos no hablar nunca más delante de nadie de lo que nos pasó. Entre nosotros sí. Alberto nunca llegó a ver el rostro de las figuras que estaban en el agua, pero yo se lo he contado. El tiempo ha pasado y ya somos mayores, pero seguimos sin saber qué fue lo que pasó, y si pasó realmente. Jamás hemos vuelto a ese pinar. Lo que más curioso me resulta ahora es el hecho de que cerrando los ojos todo desapareciera. Eso es lo único que a veces me hace dudar de que todo sucediera realmente. Nunca he dejado de ver a Alberto, eso nos unió para siempre. Él anda investigando cosas raras, para encontrar una explicación, pero nunca ha encontrado un caso parecido al nuestro. Yo ya no busco explicaciones por que no sé qué creer. La verdad es que en cierta manera me gustaría que pudiera pasarme otra vez. No quisiera pasar otra vez por aquello, pero sí me gustaría, hoy, a mi edad, poder cerrar los ojos y que desaparecieran los problemas.


FIN

lunes, 21 de mayo de 2012

INTRODUCCIÓN. MUDANZA, LUCÍA Y LA IGNORANCIA IGNORADA.


Hace no muchos días poníamos una foto en nuestra cabecera parecida a ésta, aunque con otro colorido del cielo. Y también aparecía una antena, como muestra de la evolución de la razón, como muestra de nuestra huella humana.


Estamos pensando, a pesar del amor incondicional que tenemos a esta costa onubense, mudarnos en verano, huyendo del número tres, sí del tres. Cástor y Pólux somos dos y a veces creemos que ya somos muchos. ¡Qué sería de nosotros con nuestra atalaya rodeada de gente yendo y viniendo de la playa, de los chiringuitos! No queremos ni pensarlo, ¡más de tres personas juntas! Aún no tenemos decidido dónde iremos, pero debe cumplir tres condiciones: que tenga costa con acantilados y playa, que luzca el sol y que no tenga más de tres personas por cada kilómetros cuadrado, más o menos. La atalaya ya la construiremos nosotros. Y creo que no tendremos que irnos demasiado lejos.

Hoy, tras esta introducción, tenemos la cuarta y penúltima entrega del cuento de Pólux titulado “Las olas del mar”. También están todas las entregas publicadas en la página de este blog “Las olas del mar, por Pólux”. Nuestra querida Lucía, a quien va dedicado el cuento, tuvo el otro día un gesto muy bonito con nosotros, enviándonos un mensaje que no olvidaremos. Desde aquí, públicamente, te damos las gracias Lucía y te enviamos un beso muy grande.

¡Cómo pasan los días! Lo hacen de forma sigilosa, para que no nos enteremos, y un día nos percatamos, miramos atrás… y se nos colapsa el entendimiento. ¿Serán los días, que pasan así, o seremos nosotros que no sabemos ni podemos hacerlos pasar de otra forma? El resultado es el mismo. En el fondo ignoramos tantas cosas… ¡Ah, el principio de la felicidad! Para ser feliz lo único que hay que ignorar es que se ignora.
  
Por Cástor y Pólux.

LAS OLAS DEL MAR (PARTE 4), por Pólux.


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Código de registro de la obra. 








DEDICATORIA: esta historia se la dedico a Lucía, a quien envío un beso desde aquí, y también a los tres niños para quienes hace ya bastantes años fue escrita, Rai, Guillermo y María, a quienes tengo siempre presente.

"LAS OLAS DEL MAR". Parte 4.


                   Eladio seguía frente a la playa, junto al hombre, escuchando aquella música de susurros y sorprendido por el brillo del mar que iba en aumento.
El hombre le dijo:
-  Cierra un momento los ojos y vuélvelos a abrir.
                   Eladio cerró los ojos y en ese mismo instante el sonido de voces enmudeció como si dejara de existir todo lo que estaba sucediendo. Se escuchaba el normal ruido de las olas y de algún que otro animal nocturno del pinar. Esperó unos segundos y volvió a abrir los ojos. Lo que vio y oyó no podrá olvidarlo jamás. El sonido de voces entremezcladas irrumpió de repente, pero esta vez podía distinguir las palabras, "ven", "mírame", "ayúdame", "acércate y libérame", "tócame". De todas, la que más se pronunciaba era "ayúdame". Pero lo que más le impresionó fue lo que vio en las olas. El brillo era más azulado y dejaba entrever los rostros y cuerpos de lo que parecían personas, que arqueaban el cuerpo a la vez que las olas, siguiendo su movimiento, entremezclados unos con otros, como los sonidos. La silueta de los cuerpos se entrecortaba sobre el azul claro brillante de las olas. El brillo no era nítido y claro, sino granuloso y con las formas que la luz hace en el agua. Los cuerpos estiraban los brazos como si suplicaran ayuda a Eladio, que no entendía qué sucedía. Los rostros mostraban dolor y expresiones exageradas para ser humanos, estirando y comprimiendo los rasgos con el movimiento del agua. Los ojos, grandes y negros, transmitían la desesperanza y el dolor de quien sufre sabiendo que no va a obtener ayuda. Ese dolor caló en el corazón de Eladio, que preguntó al hombre qué hacían allí y cómo podía ayudarlos.
- Las sombras los pusieron aquí para siempre. Están atrapados, y sólo si te acercas a una ola y tocas a quien es como tú, podrás sacarle y liberarle.
- Pero ¿qué sombras?, ¿y quién es como yo? - le preguntó Eladio al hombre mirándole, intentando vislumbrar su rostro bajo la capucha.
- Las sombras han vivido aquí siempre. Su fuerza para vivir la roban a quienes atrapan en las olas. Así ha sido siempre y así seguirá siendo.
- Pero esto no puede ser, estas cosas no pasan, no puede ser realidad, no lo creo, no lo creo - gritó Eladio con desesperación.
- Acaso no crees lo que ven tus ojos. Mira delante de ti, ¿ves a aquel joven de tu edad que brilla más intensamente que los demás?, a él debes liberar. De entre todos sólo él es como tú. ¿Te parece eso mentira, irrealidad? Él ha sido quien te ha estado hablando todas estas noches. También eso te parecía irreal al principio, y sin embargo acabaste creyendo que sucedía de verdad. ¿No quieres comprobar si es verdad?, anda acércate y tócale, sólo con eso le liberarás. Es fácil comprobarlo, ¿no?, nada tienes que perder, si todo es irreal nada te sucederá.
                   Al decir esto Eladio vio dos puntos de brillo dentro de la capucha del hombre, lo que debían ser sus ojos. Era un intenso brillo blanco amarillento producido como por un diminuto punto. No dejaba de parecerle extraño. Aquel hombre no era normal. Se atrevió y le preguntó con cierto temor:
- ¿Y quién es usted?
- {Voz tétrica} Ni yo puedo explicártelo ni tú puedes entenderlo. Pero eso no debe preocuparte, tú libera a quien te he dicho y te podrás marchar tranquilamente.
                   Aquella respuesta sonaba algo amenazante, como si liberar a aquel muchacho fuera una condición para que Eladio pudiese salir de aquella situación tan extraña. La verdad era que Eladio no entendía nada de lo que estaba sucediendo. Se sentía atrapado en aquella situación, así que se decidió por fin a hacer lo que aquel hombre le pedía. Comenzó a andar hacia el agua, hacia la figura de aquel muchacho que le pedía ayuda desesperadamente. Andaba lentamente, temeroso de cada paso que daba. Las figuras se veían cada vez más cerca. Ahora sus rostros, más que sufrimiento, denotaban ansia, un fuerte deseo de que les tocara, pero en vez de volverse los rostros más alegres o agradecidos por aquello se volvían más malévolos, como si ocultaran sus verdaderas intenciones. El rostro del muchacho se contorneaba desfigurándose continuamente, mostrando unas veces una cara deseosa de ser liberada y salir de allí y otras la cara de quien te desea el mayor mal. Aquello hizo a Eladio dudar de lo que estaba haciendo y se paró a pocos metros del agua. De forma instintiva se volvió y miró al hombre. Allí estaba, con sus dos puntos de luz bajo la caperuza. De pronto advirtió algo que le puso los pelos de punta. Detrás del hombre estaba el pinar, oscuro, y todo él lleno de pares de puntos luminosos, como los puntos de luz que marcaban los ojos del hombre. Durante unos instantes Eladio no supo qué pensar, hasta que al fin comprendió. Todo era un engaño, un maléfico engaño. El pinar estaba lleno de sombras y el hombre no era más que otra sombra. Y como si le hubiera leído el pensamiento, el hombre se despojó de la capa y la caperuza, mostrando una forma alargada y redondeada que se elevó en el aire y le gritó: "maldito, métete en el agua o lo haré yo". La sombra empezó a moverse hacia él. Recordó cómo antes, al cerrar los ojos, le había parecido que las cosas extrañas dejaban de suceder. Así que cerró los ojos y se dirigió al pinar. Advirtió de momento que al cerrarlos las voces volvían a enmudecer. Anduvo un poco más hacia el pinar y se paró. Tan sólo se escuchaba el ruido del mar con total normalidad. Abrió los ojos temeroso por lo que podría encontrarse. Vio que los puntos de luz, los ojos de las sombras, se arremolinaban envolviendo algo. Salieron del pinar hacia la playa. No estaban muy lejos y pudo ver entre las sombras a Alberto. El corazón le dio un vuelco, otro más, mejor dicho. Le habían atrapado. Le llevaban en volandas, a unos dos o tres metros sobre la arena. Le rodeaban, le levantaban y le arrastraban hacia la orilla del mar. Entonces Eladio comprendió que lo tirarían sobre las olas, y que allí sería de alguna manera "devorado" por las figuras de rostros desfigurados. En realidad era lo mismo que el hombre había intentado con él, que se metiera en el agua y tocara a uno de esos seres. Y si así era, Alberto estaba perdido, a no ser que ...


Continuará.

domingo, 20 de mayo de 2012

INTRODUCCIÓN. FRUTOS DE LA TIERRA, DOMINGO, CRISIS Y COMENTARIOS.


Hoy nos quedaremos con esta introducción. No habrá artículo o cuento nuevo. Mañana sí, retomaremos el cuento “Las olas del mar” que estamos publicando. Siempre podemos leer alguna entrada más antigua que no hayamos visto. Pero aunque sea en la introducción tenemos ideas que queremos compartir con nuestros visitantes.

Este acantilado acaba en la playa desde donde hicimos la foto.
Todo cambia, nada perdura, al menos nada de lo que conocemos directamente con los sentidos, pero ¿hay algo más que los sentidos? Miremos la foto de hoy, ese acantilado con pinos sobre médanos y médanos sobre tierra, una tierra que, como frutos recién caídos nos brinda ramales de piedra arenisca sobre la arena de la que nació. ¿Hay algo más? Sólo hay de más lo que queramos ver. Aunque igualmente podemos decir que lo que no queramos ver no lo veremos jamás. Haga, pues, cada uno su elección.

Hoy es domingo, el día no laborable por excelencia para nosotros. ¿Y qué hacemos? De todo, entre otras muchas cosas paseamos, “sendeamos”, “playeamos”, comemos, corremos, viajamos, sesteamos, dormimos, descansamos, pensamos, visitamos, leemos, conocemos e ignoramos. ¡Cuántas cosas por hacer! Pero con los años nos volvemos más selectivos, y aunque creamos que ignoramos menos, ese poco menos que no ignoramos no nos sirve para mucho.

El cielo luce celeste, el mar azul, y el ánimos de muchos negro, pues ya mañana es lunes y hay que trabajar (mala anticipación la de preocuparse por lo que todavía no ha sucedido… aunque inevitable desazón). Pero como reza el dicho, al mal tiempo buena cara. Si fuésemos capaces de encontrarle el gusto a cada día de la semana…, lo sobrellevaríamos todo mejor. Pero hoy quejarse por el trabajo se ha convertido en un acto de mal gusto, en una ofensa personal hacia todos aquellos que no lo tienen y lo necesitan. A veces parece que no pasa nada, que la vida sigue corriendo y ha de seguir corriendo igual, pero tal vez no entendamos lo mal que se está pasando porque en el fondo tenemos miedo de pensar que nos pueda pasar a nosotros. La maldita palabra CRISIS no es maldita, es real. Creemos que todo está en manos de los políticos, como últimos responsables de todo, pero olvidamos que el pueblo somos nosotros, y que quien debe aceptar y sufrir los cambios que la crisis acabará imponiendo somos nosotros. No podemos pretender seguir sin más y culpar de todo a la clase política. La ineptitud de los políticos ya se pone de manifiesto por sí sola, la nuestra, como pueblo, se mostrará con el tiempo… y también nos pedirán explicaciones.

Pero cada uno sigue con su vida, lo que tampoco se puede evitar, y nosotros seguimos con nuestra Obtentalia, poniendo granitos de arena en un camino zigzagueante, que aún, dada nuestra corta edad, no sabemos claramente quienes estáis transitando. Hemos tenido comentarios a artículos o introducciones, es la única manera de saber si este blog os gusta u os parece irrelevante o innecesario. Así que os animamos a que sigáis haciendo comentarios y participando en Obtentalia.

Que la semana que empieza mañana lunes nos traiga, aunque sea en pocas dosis, el gusto por la vida, que a veces se hace tan difícil apreciar. Pero como somos optimistas por naturaleza estamos convencidos de que esta semana merecerá la pena, y como además somos también soñadores nada nos hará dudar de que así será.
  
Por Cástor y Pólux.