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jueves, 30 de abril de 2026

¡CUÁN SUFRO LO MALO!, PROBECITO.

Nos gusta presumir de lo bueno y también de lo malo. Tenemos que ser los primeros, aunque sea para lo negativo.

Ya es una falta de humildad, de nobleza y de respeto por lo ajeno presumir de lo bueno, no digo ya de lo malo.

Lo negativo tiene la connotación del sufrimiento y el padecimiento al que estamos sometidos. Y en ello subyace la necesidad de aprobación y reconocimiento por parte de los demás, lo que implica falta de fortaleza interior y de criterio propio, pues es nuestra debilidad la que nos hace necesitar la aprobación que nos haga sentir llenos e importantes. ¿Por qué si no nos importa tanto el reconocimiento de los demás?, ¿por qué si no anteponemos contar lo negativo a lo positivo?

Una buena medida del sano equilibrio mental es la forma en que uno habla de su trabajo, por poner un ejemplo. Descartando los casos extremos, es habitual escuchar a alguien comentar los sinsabores y aspectos negativos de su trabajo, obviando lo positivo, que, salvo quien lo refiere, ven los demás (te cuentan lo sacrificado que es trabajar un turno de noche, pero no los días libres que por ese turno les deja el trabajo). Ahí está la falta de equilibrio, el sesgo de querer hacer ver a los demás el protagonismo de nuestro padecimiento, su aceptación por los demás.

Lo importante no es lo que somos y descubrir eso que ya somos, no, parece que lo importante es llenar el vacío que creemos que somos con algo tan ajeno como la opinión de los demás. Porque a eso se reduce nuestra expectativa en la opinión de los demás, sentir que somos parte de la creencia de otros. ¡Cuánta pérdida de tiempo y de trabajo! Todo está ya en nosotros y nuestra verdadera debilidad es no ser capaz de verlo.

No hay más que darse una vuelta por YouTube para ver la confusión existente entre tener criterio propio y originalidad, y ser capaz de decir cualquier disparate con tal de distinguirse de los demás.

Por Francisco García Navarro (Pólux).

domingo, 29 de octubre de 2023

POBRE ILUSO.

Pobre iluso. Cada día juego a la lotería, al cupón, al euromillón, a la primitiva o a las quinielas como si algo me faltara, como si fuera necesario tener mucho dinero para que mi vida fuera mejor, sin saber que nada me falta y que mi vida hace ya mucho tiempo que es la mejor por todo lo que tengo, suficiente economía, amigos, familia y alguien que me ama como nunca seré yo capaz de hacerlo.

Pobre iluso. Buscando insaciablemente lo que nunca me saciará, deseando incansablemente lo que nunca podré tener, como si tales búsqueda y deseos significaran algo, más que la distracción de lo único cuyo valor me hará sentir, mi existencia y mi realidad.

Pobre iluso. Dedicado a discusiones racionalistas para justificar la vida, para afirmar o negar religiones, creencias, ideologías, mentalidades, suposiciones o actitudes, cuando sólo he de mirar para descubrir que puedo vivir sencilla y plenamente.

Pobre iluso. Complicando lo fácil, retorciendo lo que ya estaba derecho, buscando lo que ya tenía, deseando lo que ya era, creyendo en tener suerte cuando ya toda era mía, pensando lo que sólo ha de ser observado, queriendo descubrir lo que ya estaba dentro de mí.

    Pobre iluso, tendiéndolo todo y aún sin saberlo.


Francisco García Navarro (Pólux).

domingo, 27 de febrero de 2022

AVES URBANAS.

Son muchas las aves adaptadas a la vida urbana. Desde la cigüeña que anida en espadañas y otros lugares altos, hasta palomas que a veces inundan plazas y parques.

Las ventanas del piso donde he vivido unos dos años, hasta hace apenas unos días, dan a una Plazuela (Plazuela de la Fábrica de Telares, Utrera, Sevilla) con naranjos, no especialmente grandes, y parcialmente cubierta de césped, como se muestra en la foto (pulsar sobre las fotos para verlas a mayor tamaño).

Plazuela de la Fábrica de Telares, Utrera, Sevilla.

Mirando por una de las ventanas sentí curiosidad por saber cuáles eran las aves que veía, ya que no soy ni experto ni siquiera aficionado a la ornitología. Pude observar las seis siguientes.

1- En la zona habitan durante todo el año un numeroso grupo de gorriones, que pueden contarse por cientos, según mi propia estimación, realizada en los atardeceres cuando van y vienen para posicionarse en los naranjos a pasar la noche. Son las aves más abundantes y se les puede ver fácilmente en el suelo. Cuando empieza a clarear el día, hora u hora y media antes del amanecer, comienza su llamativo trinar. Tras la puesta del sol, cuando el día comienza a oscurecer, revolotean sobre los naranjos, se posan, vuelven a revolotear, cambian de naranjo, se apelotonan a más altura y vuelta a empezar. Un curioso espectáculo. 

2- En primavera y verano aparecen las golondrinas, con su vuelo elegante, veloz y preciso. Es todo un gusto verlas bordear la Plazuela con su llamativo vuelo. Me recuerdan mi infancia y niñez, vivida en una gran casa de la calle Ramón y Cajal (hoy ocupada por pisos), en la que las golondrinas volaban con rapidez y precisión por el pórtico del espléndido patio, separado de la entrada por una pesada y alta cancela que nunca olvidaré, porque me cortó el extremo de un dedo. 

3- También se ven los mirlos, negros y con el pico anaranjado, de mayor tamaño que las golondrinas. Las hembras tienen un color más pardo. Como los gorriones, pueden verse con facilidad en el suelo.

4- Otra ave que puede observarse es la paloma, normalmente sobre cornisas y partes altas. En las ciudades, y por tanto también en la Plazuela, se ven la especie paloma bravía, o paloma doméstica, totalmente adaptada al entorno urbano

5- Como profano en la materia antes era incapaz de distinguir una paloma de un tórtola (que me perdonen los ornitólogos y aficionados), también visible en partes altas. De tamaño similar, la tórtola tiene un color más uniforme, beige grisáceo (la paloma puede tener tonos grises oscuros, colores mezclados y hasta blanco). Además a la tórtola que habita por aquí, tórtola turca, le caracteriza una lista negra que rodea los laterales y parte posterior de su cuello a modo de collar. También tiene un canto muy particular y distinto al de la paloma, por el que puede identificarse en la distancia, ya que tiene gran alcance.

6- Y por último (la más difícil de ver) hace su aparición algunas noches la lechuza, ave rapaz nocturna que acude a la Plazuela en busca de gorriones, a la que pude distinguir sin dudas al volar en alguna ocasión muy cerca de la ventana. Lo más pronto que he llegado a verla ha sido sobre las 11:30 h. de la noche, pero es más habitual verla de madrugada. La he podido observar intentado cazar algún gorrión, e incluso llevándose uno entre sus garras. Para verla cazar hay que ser muy paciente, pues se toma su tiempo. A veces puede estar media hora (y hasta más tiempo) observando y al acecho, posada sobre algún naranjo, prácticamente inmóvil, hasta que se lanza a su interior para tratar de atrapar algún gorrión. Es el ave de más envergadura que puede verse en la Plazuela, y su vuelo majestuoso con sus alas extendidas es todo un espectáculo.

Puede que me haya dejado algún ave atrás, pero mi conocimiento es tan limitado en este terreno que tal vez no haya sido capaz de verla. 

Francisco García Navarro (Pólux).

domingo, 1 de septiembre de 2019

"LA TARDE CAE", CANCIÓN DE FRANCISCO GARCÍA NAVARRO


Hoy os dejo una canción de nuestro colaborador Francisco García Navarro, editada en 211 y que ha subido hace poco a su canal de YouTube.

Se titula "La tarde cae", compuesta  e interpretada por él y cantada por MCR y él mismo.

Aquí os dejo el  enlace a YouTube.

También podéis descargarla gratuitamente desde este enlace:

Por Pólux.


jueves, 15 de agosto de 2019

SIN TI MI HORIZONTE ES OSCURO Y FRÍO.

Ay esta vida mía, confundida y desabrida, destemplada y fría, lejana, muy lejana, desgarro, todo menos mía.

Ay amor, preocupada tú por desterrar de mi frente este horizonte oscuro y frío. Ay amor, ¿cómo convencerte de que eres mi única razón, mi último y único asidero a no sé qué cordura?. No me sueltes y sonríeme, que sienta tu calidez en la sima, lejana como el incomprensible cosmos, de mi mente.

Aymé, que reír quiero y tanto me cuesta. No es lástima lo que siento, sino hondura, enajenación, vacío, sinrazón, desesperanza. Ni siquiera pérdida, pues no sé si en verdad alguna vez tuve.

Creo enloquecimiento donde creía tristeza, dolor donde creía cansancio, ceguera donde creía nublado.

Ay tú, amor, no desesperes, no me faltes, no seas como yo, que sin ti desaparezco, que desaparezco sin ti.


Por Pólux.


domingo, 18 de noviembre de 2018

QUE BUEN MAL DÍA.


Que buen mal día hace hoy. Lluvia, frío, el cielo oscurecido por las compactas y plomizas nubes, un gusto que me hace sentir bien. Pero, ¿qué es lo que realmente me hace sentir bien?, ¿este día tan invernal? No se trata de todo lo que me puede dar este día, no, lo que me hace sentir bien, sentir este extraño bienestar, es el hecho de que mientras todo ocurre yo me siento ausente, ajeno a todo ello en esta estancia. Tan ausente y tan ajeno que pocas cosas me importan, y lo hacen tan poco que hasta cualquiera de ellas, por mala que sea, me parece bien. Se antoja una contradicción, pero no lo es.

El hecho de que haga mal tiempo no es en sí una mala cosa. Me gusta. Pero de lo que hablo ahora sobre que me gusta no es de lo positivo que puedo aprovechar, sino de lo negativo que puedo rechazar e ignorar. Hoy, al menos hoy, soy feliz porque ignoro, ignoro lo mal que se está fuera del círculo de calidez que hoy he sido capaz de crear. Quiero ignorar todo lo que queda fuera, aunque sé también que es ahí donde acecha la segura amenaza de que esa calidez no durará siempre.

No sé si en lo que creo es consecuencia de lo que me muestran los ojos o de la elaboración mental que me hace consciente que mis ojos ven y pueden mostrarme lo que ven. La relativa objetividad que muestra la primera opción se diluye en puro relativismo en la segunda, dada la manipulación mental que toda elaboración supone.

Sólo sé que hoy hace un buen mal día que me hace sentir bien, y aún no sé con seguridad por qué, aunque creo intuirlo.


Por Pólux.


domingo, 24 de junio de 2018

SUPERAR LO "IMPOSIBLE"


Tanto para hacer descubrimientos científicos como para abarcar el potencial de nuestra razón,  sin duda la única forma de conseguir lo que parece imposible es ignorando los límites, para poder así superar aquellos que realmente no lo son.

Y es cierto que los peores límites, los que más nos acotan y empobrecen, son los que nosotros mismos nos imponemos.

Pero, ¿acaso podemos abstraernos de nuestros condicionamientos psicológicos? Volvemos al principio. Yo creo que es imposible, pero no creerlo es precisamente la única forma de cambiar eso.

Por Pólux.



martes, 15 de agosto de 2017

LOS VIEJOS.


No sé por qué (en realidad sí) el calificativo "viejo", aplicado a las personas, tiene una cierta connotación negativa. Según el diccionario de la lengua española de la Real Academia Española su primera acepción es la de "Dicho de un ser vivo: De edad avanzada".

Cierto es que lo viejo, aplicado a las cosas, como dice esa misma Real Academia, es lo deslucido y estropeado por el uso, lo usado o  de segunda mano. Pero no creo que sea por aquí por donde viene nuestra connotación negativa sobre la vejez.

Vemos a los viejos como inútiles e incapaces, como enfermos que suelen estropear nuestros planes. También el niño, el púber o el adolescente son en muchos aspectos inútiles e incapaces, y no les despreciamos como a los viejos.

La misma concepción negativa asociada, erróneamente a mi parecer, al calificativo "viejo" ha hecho que socialmente se hable de los "mayores" en vez de los "viejos". Otro eufemismo más que muestra nuestra incapacidad para mirar las cosas de frente, como también sucede con la muerte.

Cada edad tiene una característica que le da su valor y la hace única. La de la vejez es la experiencia, algo que parece ser inútil y sin valor. La fuerza, la osadía, el emprendimiento o la rentabilidad laboral parecen ser los únicos valores a tener en cuenta, ninguno de los cuales tienen es propio de los viejos. Tal vez el problema no sean los viejos, por vivir tanto, sino los demás por tener valores que excluyen a miembros de nuestra sociedad, que nos excluyen a nosotros mismos, pues no olvidemos que algún día seremos nosotros los viejos.

Entonces, ya viejos, seguro que pensamos de otra manera y nuestra escala de valores cambiará. ¿Qué impide hacerlo ahora y rendirles la pleitesía debida?

Cada viejo es una vida entera, y cada vida un conjunto de experiencias, enseñanzas, deseos, aprendizajes, sensaciones y errores de los que aprender, a los que no damos el menor valor. Y si eso no tiene valor, ¿qué lo tiene?, ¿ir de vacaciones, viajar, divertirse, ganar dinero? Al final seremos viejitos, y todas nuestras experiencias, incluidos viajes y divertimentos, no tendrán valor alguno para los demás, salvo el dinero, con el que ya contarán nuestros herederos antes de morirnos.

Por Pólux.